Caía ya la tarde cuando escuché unos extraños sonidos. Era como si un perro rabioso estuviera gruñendo. Pero aquellos gruñidos eran... extraños. No parecían gruñidos de perro. En realidad... no podía identificar qué tipo de animal podría producir esos gruñidos...
"En la región todos le conocían, a él y a su hermano. Desde que nació, dos años atrás, era imposible no fijarse en él cuando entraba en escena. Blanco como la nieve, ese oso pardo solo tenía de pardo el nombre".
